Se eligen ciruelas buenas y duritas.
Se pesa igual cantidad de ciruela que de azúcar o algo menos de la última.
Se pinchan las ciruelas, y sin quitarles los tallos se ponen en agua fría.
En la misma se ponen a cocer y se tienen hasta que van subiendo a la superficie.
Según vayan apareciendo arriba se van sacando a otra agua fría y se tienen veinticuatro horas.
Se sacan y ponen a escurrir.
Se hace aparte un almíbar a punto, y sin que se enfríe del todo se van poniendo las ciruelas una a una.
Se acerca al fuego, y cuando rompe a hervir se separa y deja quieto hasta el día siguiente, que se hace la misma operación.
Es decir, acercarlas y quitarlas cuando van a empezar a hervir, y así siete o nueve días que le son necesarios hasta tomar punto.