Se parte muy menudo medio kilo de pan que tenga mucha miga.
Se pone en una fuente honda con agua y sal, nada más que rociado, para que el pan se ponga húmedo.
Se revuelve mucho con una cuchara para que tome por igual la sal y el agua y se dejan reposar hasta el día siguiente.
Poco antes de comerlas se pone en una sartén con aceite, media docena de dientes de ajo chafados y cuando se han frito los ajos se tiran y se echa pimiento molido y las migas.
Se las da vueltas sin cesar hasta que queden jugosas, pero bastante secas.
En vez de pimiento molido es mucho mejor darles color con trocitos de jamón y longaniza.