Se limpian dos kilos de grosellas y un cuarto de kilo de cerezas que no estén muy maduras.
Poco a poco se va machacando todo muy bien y pasándolo por un tamiz o paño muy claro y húmedo.
Ese jugo se tiene reposando un día entero en sitio muy fresco, procurando que esté en vasija de barro. Después se pone en una franela o tamiz para que se vaya filtrando y cayendo a otra vasija.
A medio kilo de este jugo se le agregan tres cuartos de kilo de buen azúcar.
Se pone a fuego muy lento y cuando va a empezar a hervir se vierte de la vasija de porcelana que se habrá puesto al fuego a la de barro.
Se deja enfriar y se embotella.
Procurando guardar las botellas derechas y herméticamente cerradas y en sitio muy fresco. Cuando se quiere improvisar un refresco basta echar una cucharadita de este jarabe en una copa de agua.